Prohibido el... ¿qué?

*Nota: La siguiente entrada no es apta para personas sensibles ni vulnerables, ni mucho menos para menores de edad, si lo desea leer, es bajo su propia responsabilidad*


-Aquella noche él se acercó al espejo de su habitación, la obscuridad sólo le dejó ver su silueta, aquellos hombros enfilaban más su contorno, sus brazos parecían más anchos desde que había regresado al gimnasio, sus manos, pequeñas pero fuertes, recorrían centímetro a centímetro las partes de su cuerpo, había olvidado su figura por estar sintiendo cosas banales, ese encuentro se vio interrumpido cuando ella se acercó a tientas por su espalda y le dijo- ¿Podemos hablar?

-¡Claro! -él se volteó y caminaron hacia el filo de la cama-

-Parece que no tienes frío.

-Sí lo tengo, -contestó- pero tú te ves hermosa con mi playera.

-Creo que me la quedaré, me gusta, y huele a ti. 

-¿Y no me veo guapo con sólo el jeans?

-Modesto, y sí, un poco.

-Sabes que me gusta que me lo digas -sonrió-

-Sólo porque eres tú... ¿Sabes? Hace mucho que no estábamos a solas, ¿qué te pasa?, ¿todo bien? Te noto... Diferente.

-Es algo complicado, ¿hace cuánto tiempo que no te detienes a ver lo esencial en tu vida?

-¿Te refieres a encontrarte? Supongo que ya hace mucho, desde aquella vez en que fui al bar, pude darme cuenta de que vivir y fingir alguien que se vive por las noches, que ingiere alcohol por diversión y que se duerme cuando sale el sol, no es mi vida, aquella noche toque fondo, y me prohibí volverme a perder y dejarme guiar por algo que no quiero. Desde esa noche, mi vida dio un giro, dejé las malas amistades, los vicios y todo aquello que me hacía daño.

-¿Desde ese día tu vida cambió?

-Bastante, y no me arrepiento, sólo debes prohibirte lo que te detiene.

-¿Prohibir? Es una palabra muy fuerte... Y a veces eso es tentador, te lleva y te incita a querer descubrirlo...

-¿Qué te interesaría descubrir?

-A ti -le dijo, mientras la abrazaba y besaba su cuello- creí que lo sabía todo, pero ya vi que no.

-Nadie sabe todo, pero detente... ¿cómo me puedes descubrir si no soy algo prohibido?

-Lo eras, y por mucho tiempo, pero, digamos que... Ahora eres una ligera prohibición.

-¿Se puede prohibir la piel?

-Tienes razón, la piel es lo único que no se puede prohibir...

-Ya sé por dónde va esto... -dijo ella-

Y tras unos cuantos besos tranquilos y pequeños, se fueron recostando en el edredón; poco a poco sus prendas fueron cediendo y el ritmo fue acelerándose, los besos tranquilos pasaron a ser una batalla por quién tendría el poder, las caricias un torbellino de sensaciones, y las palabras se transformaron en un baile acompasado hasta que aquella melodía terminó...

-¿Sabes? -dijo él mientras le daba un dulce beso en la frente- acabo de descubrir que la piel no tiene prohibiciones; pero que si la tuviera, me encantaría descubrirla.

-Sólo ven, me encanta sentir tu cuerpo y el mío.

-Pero me encanta más que estés conmigo.

-¿Cómo algo prohibido?

-Eso se vuelve más tentador.

Y con un beso, aquella lucha de poder, comenzó de nuevo.