Prohibido el... ¿qué?
*Nota: La siguiente entrada no es apta para personas sensibles ni vulnerables, ni mucho menos para menores de edad, si lo desea leer, es bajo su propia responsabilidad*
-¡Claro! -él se volteó y caminaron hacia el filo de la cama-
-Parece que no tienes frío.
-Sí lo tengo, -contestó- pero tú te ves hermosa con mi playera.
-Creo que me la quedaré, me gusta, y huele a ti.
-¿Y no me veo guapo con sólo el jeans?
-Modesto, y sí, un poco.
-Sabes que me gusta que me lo digas -sonrió-
-Sólo porque eres tú... ¿Sabes? Hace mucho que no estábamos a solas, ¿qué te pasa?, ¿todo bien? Te noto... Diferente.
-Es algo complicado, ¿hace cuánto tiempo que no te detienes a ver lo esencial en tu vida?
-¿Te refieres a encontrarte? Supongo que ya hace mucho, desde aquella vez en que fui al bar, pude darme cuenta de que vivir y fingir alguien que se vive por las noches, que ingiere alcohol por diversión y que se duerme cuando sale el sol, no es mi vida, aquella noche toque fondo, y me prohibí volverme a perder y dejarme guiar por algo que no quiero. Desde esa noche, mi vida dio un giro, dejé las malas amistades, los vicios y todo aquello que me hacía daño.
-¿Desde ese día tu vida cambió?
-Bastante, y no me arrepiento, sólo debes prohibirte lo que te detiene.
-¿Prohibir? Es una palabra muy fuerte... Y a veces eso es tentador, te lleva y te incita a querer descubrirlo...
-¿Qué te interesaría descubrir?
-A ti -le dijo, mientras la abrazaba y besaba su cuello- creí que lo sabía todo, pero ya vi que no.
-Nadie sabe todo, pero detente... ¿cómo me puedes descubrir si no soy algo prohibido?
-Lo eras, y por mucho tiempo, pero, digamos que... Ahora eres una ligera prohibición.
-¿Se puede prohibir la piel?
-Tienes razón, la piel es lo único que no se puede prohibir...
-Ya sé por dónde va esto... -dijo ella-
Y tras unos cuantos besos tranquilos y pequeños, se fueron recostando en el edredón; poco a poco sus prendas fueron cediendo y el ritmo fue acelerándose, los besos tranquilos pasaron a ser una batalla por quién tendría el poder, las caricias un torbellino de sensaciones, y las palabras se transformaron en un baile acompasado hasta que aquella melodía terminó...
-¿Sabes? -dijo él mientras le daba un dulce beso en la frente- acabo de descubrir que la piel no tiene prohibiciones; pero que si la tuviera, me encantaría descubrirla.
-Sólo ven, me encanta sentir tu cuerpo y el mío.
-Pero me encanta más que estés conmigo.
-¿Cómo algo prohibido?
-Eso se vuelve más tentador.
Y con un beso, aquella lucha de poder, comenzó de nuevo.

