Reflexiones taciturnas, volumen II*



En el post pasado les escribí acerca del amor (tema muy recurrente en mis escritos) pero en este quiero exponer lo que más me aterra y a la vez me da tanto placer... La soledad y su dulce compañía. 

Muchos le temen, otros más prefieren no dejar de estar en una y otra y otra relación, otros más preferimos amores baratos de un rato... Y solo muy pocos, decidimos tomar el valor que es el estar solo.

No les voy a mentir, hay días y noches que muero de miedo, en los que desearía volver a la preparatoria o a la universidad, o el estar con el ex-novio que llame "amor de mi vida", pero hoy por hoy... Sé que por más que inventen máquinas del tiempo, o alguna poción, pastilla, método o estado de transe, hay cosas del pasado que no deben repetirse. 

                                  "Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, 
                                  incesantemente arrastrados hacia el pasado..." The Great Gatsby, 1925

Lo siento Fitzgerald, pero creo que hay amores idílicos que solo merecen quedarse como un grato recuerdo y no intentar revivir el pasado, y no porque no crea que muchas cosas pudieran cambiar sino que, simplemente ¿habría sentido alguno en el presente para derrocharlo nuevamente con algo que es solo un recuerdo? Por más que se anhele ello, la vida te dice de mil y un formas... SIGUE.

Todos tenemos heridas, miedos, sueños truncados o transmutados... Somos constantes de un cambio incesante que nunca termina hasta el momento definitivo y con ello, la soledad y tu propia compañía no está demás.

¿Y con el miedo? ¿Qué carajo puedo hacer con ello? Tómalo de aliado, al final siempre lo que deseas está después de ello. Y no soy la mejor para decirlo, pero estoy en camino a lograr lo que quiero. Escribir.

Es por eso que aquí estoy, siendo casi las tres de la madrugada de un martes en plena pandemia, mientras veo el filme Writer Freedoms, 2007, y estoy simplemente redactando lo que he tenido en mente durante varios días; y recuerdo las noches en que me la pasaba desvelándome escribiendo, leyendo, haciendo, creando... soñando despierta.

¿Creen que los mejores cineastas, diseñadores, arquitectos, chefs, artistas, ingenieros nunca tuvieron un lapso de amargura y sufrimiento? Todos, quien habite el Planeta Tierra, hemos sufrido por eso, nadie estará absuelto.

Porque después de todo, uno mismo debe remendar esas heridas, (y no solo con la pareja; también los amigos, el trabajo, la escuela, los padres, la familia, todo, cada día nos marca, nos construye y nos moldea para salvaguardarnos del futuro, pero, ¿y el presente? Actúa, aunque el miedo te acorrale, y te quite el aliento, alzar la voz y conocerse es el precio y el arma más poderosa que el mundo pueda darte. 

 
Y  siendo así, te das cuenta que el tomar el control de tus decisiones, no es tan difícil después de todo...